¿Por qué la mente se descontrola tanto?

Dado que la mente no se puede detener, esto quiere decir que siempre está creando, siempre.

Es importante dejar de ver este hecho como algo negativo, porque es todo lo contrario. Piensa que si tu mente se detuviera, tu vida se acabaría. Así que debemos dejar de obsesionarnos con la idea de detener la mente: es un esfuerzo completamente inútil, además de ser un auténtico intento de anularse a uno mismo.

En cambio, lo que sí merece nuestros esfuerzos es aprender a dirigir la mente. Debemos aprender a controlar nuestra mente para que cree lo que deseamos. Esta es la clave de una vida plena.
Y esta es también la clave del problema que tenemos con la mente.
Déjame que te haga una pregunta: cuando caminas, tú decides donde pones los pies, ¿verdad que sí? Y también sabes que en cualquier momento puedes parar tus piernas o cambiar la dirección que llevan, ¿verdad?

Ahora bien, ¿haces lo mismo con tu mente? ¿Escoges conscientemente qué quieres pensar en cada momento? ¿Eres consciente de que tienes el poder de cambiar el rumbo de tus pensamientos cuando quieras? ¿Usas este poder?

Lo más probable es que la respuesta sea “no”.

No estamos dirigiendo nuestra mente, este es el origen del problema. Por esta razón nuestra mente va divagando de una idea a otra sin aparente sentido. No hay nadie dirigiéndola, así que navega sin rumbo definido.

Para entenderlo mejor, imagínate un capitán que está conduciendo un barco, y que de repente suelta el timón y se pone a mirar por la barandilla. ¿Qué hará el barco?
No se quedará quieto, ¿verdad? Seguirá moviéndose, pero en lugar de estar gobernado por alguien que sabe a dónde quiere ir, se moverá a la deriva.

Pues esto es lo que nos pasa a la mayoría de nosotros: nuestra mente va a la deriva porque nadie la está guiando. No le estamos diciendo dónde que queremos que vaya. No estamos escogiendo conscientemente nuestros pensamientos.

Hemos soltado el volante y nos hemos puesto a mirar por la ventana.

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